Patricia es la cuñada de mi esposo. Una mujer de 58 años que toda la vida sufrió de artritis. Tan grave que hace 5 años los dedos de las manos se le estaban deformando.
La última vez que la había visto, hace como año y medio, ella caminaba con bastón.
Cuando me llamó ese día, lo primero que me dijo fue:
— "Sandra, ¿vos seguís con el dolor de las rodillas?"
— "Pati, peor que nunca", le contesté.
— "Vení que te voy a contar algo. Pero no te lo voy a contar por teléfono. Vení a almorzar el sábado."
Le hice caso. Fui el sábado.
Cuando llegué a su casa, casi me caigo del susto.
Patricia me abrió la puerta sin bastón. Sonriendo. Y atrás de ella venía caminando un perrito chiquito al que le había hecho una jaulita en el patio.
— "Pati… ¿qué pasó?"
— "Sentate, te cuento todo."
Lo que Patricia me contó ese día me cambió la vida.
Resulta que su hijo, que es ingeniero y viaja mucho a Asia por trabajo, le había hablado de un hongo medicinal que en Asia llaman el "hongo de la inmortalidad".
Se llama Ganoderma lucidum. También le dicen "Reishi" en Japón.
En la medicina tradicional asiatico lo llevan usando más de 2.000 años. Era tan valioso que solo los emperadores tenían permiso de consumirlo. Lo llamaban "el hongo de los reyes".
Lo usaban principalmente para tres cosas:
1. Bajar la inflamación del cuerpo
2. Fortalecer el sistema inmunológico
3. Devolver la energía vital a las personas mayores
Patricia me contó que en Occidente, hace pocos años, los científicos empezaron a estudiarlo en serio. Y descubrieron por qué funcionaba tan bien para los dolores articulares:
El Ganoderma contiene unas moléculas llamadas triterpenos y beta-glucanos que actúan como antiinflamatorios naturales sobre las articulaciones. Pero sin los efectos secundarios de los medicamentos de farmacia.
Y aquí viene la parte que me voló la cabeza.
Patricia me explicó:
— "Sandra, todo el colágeno que tomaste antes no te funcionó por una razón. Porque te falta la otra mitad de la ecuación."
— "¿Cuál es la otra mitad?"
— "El antiinflamatorio. Si tu cuerpo tiene inflamación crónica en las articulaciones, el colágeno que tomás se desperdicia. Es como echarle agua a una cubeta rota. Necesitás tapar el hueco primero. Y eso lo hace el Ganoderma."
En ese momento entendí algo que nadie me había explicado en 3 años.
Yo no necesitaba MÁS colágeno. Necesitaba un colágeno DIFERENTE. Uno que viniera con un antiinflamatorio natural que detuviera la destrucción mientras reconstruía.
Patricia sacó un frasco y me lo mostró:
— "Esto es lo que yo estoy tomando hace 8 meses. Es un colágeno marino hidrolizado de Colombia, combinado con Ganoderma. Y mirame a mí. ¿Necesito decirte algo más?"
No necesitó decir nada más.